Las molduras

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 Las molduras se enriquecen labrando pequeños motivos en ellas. Estos motivos son muy antiguos, fueron extraídos de las tradiciones decorativas textiles y cerámicas, pero en la Grecia clásica, se aprendió a aplicarlos a la arquitectura y el diseño a gran escala con una maestría

 

nueva, en lugares precisos, sin abusar de ellos. Los arquitectos romanos y los renacentistas los utilizaron del mismo modo, y en los mismos lugares. Y por eso, muchos objetos griegos antiguos nos resultan enteramente familiares.

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Estos motivos son muy pocos, pero cada uno admite múltiples variaciones. Cada moldura se decora con sus propios motivos, que se ajustan a la sección de esa moldura y subrayan su forma, distinguiéndola de las demás. Y se suele respetar la tradición no sólo para evitar extravagancias, sino porque la fórmula tradicional es extremadamente eficaz.

Esos ornamentos poseen dos características comunes. Antes que nada, son muy pequeños; pues han sido seleccionados para acompañar y reforzar el efecto de la moldura, y no deben poseer ningún protagonismo. Además, están preparados para repetirse en una reiteración interminable; y por tanto el motivo se compone alternando dos (nunca tres) elementos contrastantes (afilado-romo, grueso-delgado).

El resultado es una línea sutil dotada de ritmo, una especie de pequeña vibración, un trémolo, que añade un toque de vida (uno más) a la arquitectura pétrea y a todo el diseño relacionado con ella. El efecto es semejante al acompañamiento de muchas melodías, en las que arpegios más o menos elaborados, se repiten sobre cada nota, siguiendo el tema principal. Es algo característico del diseño clásico.

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